Los parámetros meteorológicos se mantenían en niveles semejantes a los de días anteriores a esa temprana hora. Había poca brisa, y mar rizada.
Eran las 0840 HRB cuando hemos levado ancla, zarpando rumbo Sur. Navegábamos por aguas en las que se veía algún arrecife a cierta distancia, a unos 50 m, ya cerca de la orilla. Sin embargo por donde íbamos la profundidad era de 15 y 16 m según daba continuamente la sonda.
Justo al doblar Punta Molentis, a las 0910 HRB, hemos sentido un golpe fortísimo en el casco, a proa, parando el barco en seco. Al mirar yo por la borda de estribor he visto una enorme roca a menos de medio metro de profundidad. Estábamos en situación (38º 07´,72 N, 009º 33´,16 E) y habíamos encallado. Metiendo mas motor hemos salido de ese arrecife sumergido, continuando nuestra marcha.
Estas rocas no estaban balizadas y en el Pilot que utilizamos a modo de "biblia" tampoco se hace mención alguna a ellas. Ni tampoco en el derrotero francés "Italie", del SHOM , pues aunque la edición que yo dispongo es algo antigua, esas rocas seguro que llevan en ese lugar cientos de años. Es cierto que en una carta náutica de escala 1:55.000 sí aparece el símbolo de rocas cercanas a Punta Molentis, pero con dicha escala es difícil calcular distancias con tanta precisión. Y tampoco habíamos visto ese arrecife señalizado en la pantalla del plotter.
Cinco minutos después Jaime ha decidido volver a mirar el plotter, por si había otros bajos y rocas en esa zona. Al bajar a la cámara se ha encontrado con agua por encima de los tobillos. Inmediatamente ha puesto en marcha la bomba de achique eléctrica, pasándome el mango de la bomba de achique manual, la cual se acciona en cubierta. Así hemos ido achicando agua, pero minutos después ha visto que no llegábamos al puerto de Villasimius, distante unas 3 millas. Ante esto, estaba claro que había que varar en una playa próxima, arrumbando la spiagga di Simius, cerca de Porto Giunco.
Las tapas doblefondo de la cámara estaban flotando, ya que el agua había subido hasta la altura de los asientos. Al acercarnos a la playa para varar, Jaime ha virado el barco yendo marcha atrás hacia la orilla. Se trataba de evitar que el movimiento del barco contribuyese a una mayor entrada de agua en el interior, ya que la vía de agua estaba en proa.
A las 0940 HRB hemos llegado al veril de los 2 m, la altura de la orza, quedando así varados. Jaime ha llamado a Marina Villasimius para que enviasen una embarcación que nos ayudara, y para que llamasen a la Guardia Costiera. Después ha telefoneado a su contacto en la compañía de seguros del barco, y también a su familia para comunicárselo.
Esta zona cercana a Cabo Carbonara es una reserva marina con gran protección medio-ambiental.
A continuación hemos botado la zodiac, que ha quedado amarrada a popa, y así despejar la cubierta. También hemos subido las tapas doblefondo de cámara y camarotes a la bañera para que no estorbaran. Y ya solo quedaba esperar al barco del puerto.
Yo, mientras tanto, he metido en mi mochila de fotografía las dos cámaras con sus accesorios, mi billetera y la documentación personal, mi bolsa de medicinas y también los aparatos, cuaderno de bitácora, cartas náuticas y apuntes que iba a necesitar para escribir posteriormente este blog.
Además he cerrado las escotillas de cubierta y los portillos laterales, ya que el barco continuaba escorándose debido a la entrada de agua pues la vía seguía abierta.
A las 1010 HRB han llegado una zodiac y una motora de Marina Villasimius, y cinco minutos después una zodiac de la Guardia Costiera.
Los marineros de la marina, encargados del rescate, han pasado una bomba de achique mas potente a bordo, y nos han pedido que saliésemos del barco por el peligro existente. Aún no estando de acuerdo con la posible peligrosidad de nuestra permanencia a bordo, con el fin de que pudiesen trabajar mas libremente, hemos saltado a la zodiac, y poco después a la gomona de la GC. Yo me llevé mi mochila, ya que en ella llevaba lo que para mí era imprescindible.
El barco había sido abarloado a la motora para evitar que siguiera escorando.
A las 1040 HRB ha llegado una patrullera de la GC, a la que hemos pasado, quedando la zodiac de la GC junto al barco, y controlando siempre el trabajo de los marineros encargados del rescate. La labor de la Guardia Costiera ha sido impecable, magnífica, en todo momento. Su recomendación para el futuro es que es a ellos a quienes se ha de llamar en primer lugar, y no a un puerto, ya que así pueden organizar mejor toda la operación de rescate.
Estando el barco varado, es difícil para un buceador trabajar bajo el casco, ya que solo tiene 2 m desde el fondo. Por ello, lo primero que había que hacer era librarlo de la varada. Y la bomba de achique que habían instalado era insuficiente para el caudal que entraba por la vía de agua. Para ello, esos marineros han estado haciendo maniobras, alguna de las cuales no tenían sentido en nuestra opinión. En efecto, un barco con 14,5 toneladas de desplazamiento, además del peso del agua que había entrado, apoyado sobre el fondo, no se mueve con las pequeñas olas producidas por dos zodiacs navegando alrededor suyo.
Jaime insistía repetidamente al suboficial de la GC que había permanecido en la patrullera - ya que el brigada al mando de la operación había pasado a la zodiac y así seguir de cerca el rescate - para que le dejaran ayudar en esas maniobras. Sin embargo, ese suboficial siempre respondía que el equipo de rescate sabía como librar al barco de la varada. Por fin, a las 1145 HRB, una hora y media después de la llegada de la zodiac y la motora de la marina Villasimius, y al ver que no avanzaban, invitaron a Jaime a pasar a la zodiac de la GC dirigiéndose ésta al barco.
En caso de velero y en ausencia de viento, la única acción posible es la de pasar el extremo de la driza de génova, cuyo otro extremo está a tope de palo, a una motora y que esta tire de ella para escorar el barco librándolo así del fondo. Es un principio básico del trabajo de una palanca. Una maniobra "de libro".
Eran las 1148 HRB cuando Jaime empieza a dejar libre el extremo inferior de dicha driza en la cubierta del Roc Blanc II, para pasarlo a la zodiac. Y seis minutos después esta gomona empieza a halar ese cabo, consiguiendo escorar suficientemente el barco para librarlo del fondo. No parece que esos marineros hayan rescatado muchos veleros.
Así se le remolcó hasta un veril de 4 ó 5 metros, donde un buceador podía ya trabajar y taponar la vía de agua.
A las 1206 HRB se preparaba el buceador para sumergirse y realizar su trabajo. Veinticinco minutos después el barco empezaba a recobrar algo de su francobordo, gracias a que la bomba de achique seguía trabajando, y la vía ya estaba cerrada.
A las 1244 HRB el barco era remolcado por la motora al puerto de Villasimius, donde entrábamos a las 1350 HRB.
Inmediatamente se llevó el barco a la piscina del travel-lift del varadero.
Allí se izó justo hasta la altura de la quilla, quedando la roda por encima del agua, aunque la orza seguía sumergida. De esa forma, la bomba de achique podía terminar de sacar el agua del casco. El efecto y lugar del impacto al encallar quedaban perfectamente visibles en la roda.
Entonces el brigada de la GC nos pidió nuestra documentación - estando en la patrullera ya le habíamos escrito nuestros datos en un cuaderno suyo -, pero ahora fotografiaron nuestros documentos personales. Después nos fuimos a comer mientras terminaban el trabajo en la piscina, e izaban el barco a tierra. Al regresar, el barco estaba ya en su cama, en el varadero.
Pedimos una escalera para subir al barco y ver como había quedado el interior. La verdad es que era una pena lo que vimos. Además, los marineros habían tomado posesión de la nevera, consumiendo lo que les vino en gana. Esto es algo que no deben hacer los rescatadores de un barco, pero en fin...
Mi camarote estaba en popa y dada la escora del barco, la altura del agua de mar no había alcanzado a mi litera, en donde suelo estibar mi bolsa de navegación. Y en el pañol en el que tenía colgando mis chaquetas y pantalones tampoco ha entrado suficiente agua para alcanzar la altura de esa ropa. Por ello, aunque el agua me llegaba casi hasta las rodillas, he recogido mi ropa en mi bolsa. Después la hemos bajado a tierra.
Ya en varadero se vía perfectamente todo el daño causado en el casco por el impacto recibido.
Jaime ha alquilado un coche para movernos estos días, y lo primero que hemos hecho ha sido buscar un hotel. Con la ayuda de internet hemos localizado uno, pero estaba completo, sin habitaciones disponibles. Allí nos remitieron a otro del mismo nivel y relativamente cerca de la marina. En ese sí que encontramos habitaciones libres. El precio de éstas ha sido bastante elevado, aunque aquel incluyese desayuno, cena y acceso a la playa, ya que en Italia el acceso a las buenas playas es solo bajo pago. Es verdad que la cocina de ese hotel es buena y el servicio, con mucho personal, también.
A continuación, hemos ido a Villasimius a ver si Jaime, que ha perdido toda su ropa en este accidente, encontraba lo necesario para estos días. Y así ha sido. Esta población parece haberse convertido en una pequeña joya turística, y por ello hay buenos establecimientos en ella.
Es un pueblo agradable, con bastante gente, pero no totalmente masificado. De ahí nos hemos vuelto al hotel a cenar.



















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